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¿Crisis de la democracia, parlamentaria o de gobernanza?

1.- Para los nacidos después de 1950 y hasta la década de 1980, les fue muy familiar la dicotomía político partidista nacida al amparo de los acontecimientos bélicos derivados -según cuenta la historia- de un fraude electoral, que dio nacimiento a la denominada Segunda Républica con una renovada estructura organizativa, de la que se quiere rescatar la incorporación de los partidos políticos como organizaciones formal y materialmente integradas a la estructura del Estado.

2.- Las discusiones en la Asamblea Nacional Constituyente sobre el tema de los partidos políticos fueron generosas y enconadas, particularmente en lo relacionado con la ideología comunista, que generó una discusión acérrima en lo relacionado con su regularización constitucional, en tanto unos abogaban por eliminar toda posibilidad de participación política a los partidos que profesaban esa doctrina y otros por permitirla, siempre que se comprometieran a respetar el orden constitucional.

3.- La generosidad del debate en torno a los partidos políticos exterioriza la importancia de estas organizaciones en la vida política de un Estado democrático, en tanto se entiende que estos son entidades de interés público creadas para promover la participación de la ciudadanía en la vida democrática y contribuir a con la integración de la representación nacional, porque quienes los conforman comparten objetivos, intereses, visiones de la realidad, principios, valores y proyectos para ejecutar total o parcialmente en gobiernos democráticos de países.

4.- De esta manera, los partidos contribuyen a estructurar el apoyo político a determinados programas, intereses socioeconómicos y valores; interpretan y defienden las preferencias de los ciudadanos, formas de gobiernos y establecen acuerdos políticos en el ámbito legislativo

5.- Un partido político es una asociación voluntaria perdurable en el tiempo, que se dota en un determinado momento histórico, de un programa de gobierno para introducirlo en la sociedad; canaliza determinados intereses en función de su ideología por lo que aspira a ejercer el poder político o participa de este desde la oposición presentándose en en los procesos electorales con su particular visión de la comunidad nacional e internacional.

6.- Por su vocación de permanencia y la dinámica social de la que forman parte, es congruente que estas organizaciones modifiquen sus programas de gobierno en función de los cambios verificados e incluso mejor, de las evoluciones que razonable y científicamente se puedan prever, no así permutar su ideología, por ser su savia vital, que los vivifica, fortalece y distingue de los otros de su especie.

7.- Las crisis democráticas, parlamentarias y gubernamentales se originan -conforme nuestro análisis- por la unificación ideológica, la paridad de intereses y la ausencia de programas diferenciados entre los partidos políticos que conducen a la pérdida de identidad, con una unificacion de las premisas iniciales que en su momento reflejaban una visión, una finalidad del Estado, cualquiera que esta fuera, pero distintas de la de los otros.

8.- Para una gran parte de la generación actualmente incorporada en los distintos centros del poder, cuestionar la democracia como el mejor modelo de gobierno puede parecerles una broma de mal gusto, pues políticamente todo les ha sido dado, al punto que muchos ni siquiera se han preocupado por ahondar en sus orígenes, descarrilamientos y vueltas a la ruta, pero es indiscutible que actualmente se registra una crisis de la democracia y, en consecuencia, parlamentaria y gubernamental.

9.- Predicar sobre esta patología, política[1] y las posibles soluciones deviene en una obligación ciudadana. Por su corta edad en el plano político, Costa Rica se ha mantenido relativamente estable en su sistema, tomando en cuenta su cercanía geográfica con otros países que han sufrido los embates de tiranías y dictaduras, algunas de reciente data; sin embargo, esa estabilidad no se sostiene sola, requiere de fuertes pilares que lamentablemente se han ido erosionando con una tendencia a terminar por derrumbarse.

10.- Efectivamente, en primer plano están los partidos políticos que dejaron de ser centros de confrontación política para convertirse en agencias de un mismo centro comercial, donde lo que interesa es la satisfacción de intereses grupales, sectoriales y hasta individuales, con prescindencia de toda finalidad colectiva.

11.-El segundo escenario sobre el deterioro democrático es la pérdida casi total de credibilidad en el movimiento sindical, esto debido a errores en el diseño de estrategias de lucha social, que a lo largo de la historia, mantuvieron el equilibrio de fuerzas; debilitamiento que podría imputarse al apego a las ya superadas teorías de la luchas de clases.

12.- Los partidos políticos dejaron de ser los grandes aglutinadores de la sociedad, dejaron de ser los articuladores organizados de los esquemas políticos para un determinado modelo de sociedad, para convertirse en centros de poder cupular, de beneficios exclusivos para las cúpulas donde los partidarios son simples piezas del engranaje para conducirlas hacia donde sus intereses personales demanden.

13.- Las crisis económica y financiera que azotaban a la sociedad costarricense, antes de la emergencia sanitaria, disimulada con una baja inflación y estabilidad de precios quedó crudamente al descubierto con la llegada del COVID-19, que terminó de desmaquillar en toda su extensión el descontrol del gasto público y el desinterés gubernamental por ordenarlo, recurriendo a la solución simplista del recargo fiscal sobre el casi inexistente patrimonio individual, con la correpondiente negativa repercusión en el crecimiento económico y el progresivo bienestar de la población.

14.- La crisis de la democracia es una consecuencia de la crisis parlamentaria que conduce a su vez a la crisis gubernamental. Los parlamentos tienen dos funciones que le son esencialmente inherentes: legislar y controlar al gobierno (entendido como el poder ejecutivo) y en nuestro caso, está realizando la primera al ritmo y cadencia que le imponga el ejecutivo, lo que de manera inequívoca conduce a la omisión de la segunda de sus quehaceres.

15.- A lo largo de los 70 años de vigencia de la Segunda República, los poderes ejecutivos han tenido solamente dos posibilidades para establecer su agenda o programa político: con mayorías parlamentarias en las que no han necesitado de mayores maniobras políticas para imponerla, o bien, que estando en minoría, a través de acuerdos con la oposición, en cuyo caso, la agenda se comparte para procurarle a los opositores algunos beneficios (no siempre de interés general).

16.- Contrario a esa lógica, en la actualidad se registra un fenómeno otrora impensable, donde el partido titular del poder ejecutivo con una escuálida minoría parlamentaria, le ha marcado el paso con imposición simultánea a los demás partidos representados en el Congreso, de una agenda a la medida de sus intereses, sin oposición alguna, escudándose quienes deberían ser opositores, en un sinsentido lingüístico: oposición responsable.

17.- Además del errado manejo del lenguaje en esa frase que pasará a las páginas negativas del sistema político costarricense, los partidos políticos de oposición están obligados a realizar oposición política, porque es consustancial a su condición. Es necesario recordarles que su programa de gobierno fue aprobado por un porcentaje de la población, así por ese grupo de apoyo, deben dirigir sus esfuerzos legislativos a procurar su ejecución a través de la negociación política; responsabilidad opositora no es aprobar todo lo que el ejecutivo le imponga, sino compaginar los intereses ideológicos para satisfacción de todos.

18.- La elasticidad o conveniencia política -incluso individual- ha enviado al cajón del olvido el hecho insoslayable de que si el cuerpo electoral hubiese estado de acuerdo con el programa del partido gobernante, no habría otras representaciones políticas en la Asamblea Legislativa; pero precisamente, las diferencias marcadas por los votos a favor de otras agrupaciones, son -como lo dispone el artículo 105 de la Constitución Política- la representación de intereses distintos a los del gobernante que quienes han sido electos están obligados a hacerlos valer.

19.- La aprobación de las leyes propuestas por el Poder Ejecutivo a golpe de tambor y sin cuestionamiento alguno son la más clara muestra de una crisis parlamentaria, crisis del Parlamento y crisis gubernamental, porque la ausencia de discusión plena y profunda sobre los efectos y consecuencias de las leyes, conducen a los desvarios de la Administración central y para acreditarlo nada mejor que el golpe de realidad que estamos viviendo.

20.- Muchos fracasos democráticos se originan en la idea de los gobiernos de que las urnas otorgan poder para cualquier cosa, siguiendo la línea de que el “ganador se lleva todo”, hasta ahora, sin efectividad ejecutiva en nuestro sistema de gobierno (salvo en un par de ocasiones) con el modelo de pesos y contrapesos para mantener al ejecutivo en su justa medida, no siempre efectiva ni exitosa, pero -cuando menos- suficiente para sostener el paradigma institucional.

21.- En la caótica situación política actual donde es más importante la presencia en redes sociales con frases vacías, antes que un trabajo de calidad, las votaciones se han convertido en simples legitimaciones formales para un gobierno materialmente autocrático.

22.- Es llamativa la desatención general, al rompimiento de los equilibrios, antes configurados como separación de poderes, incluso, la preconcebida y sobreentendida independencia del Banco Central quedó en entredicho con el apoyo (ingenuo) de los legisladores, junto a la peor abdicación de competencias y potestades de los entes reguladores a favor de poderes centralizados del ejecutivo.

23.- Lo más inquietante es el silencio cómplice de una Sala Constitucional que en esta crisis quedó al desnudo, al olvidar su misión de garantizar y proteger los derechos fundamentales de libertad y propiedad, para alinearse con los autoritarismos de funcionarios que asumieron poderes supralegales, sin que se haya declarado legislativamente el estado de excepción.

24.- Como todas las crisis aportan algo positivo, quisiéramos creer que la presente servirá de acicate para promover una ciudadanía más selectiva al momento de escoger gobernantes.

Dr. César Hines C.

[1] Muchos países especialmente latinoamericanos dejaron de cuestionarse y actuar en concordancia, sobre el rumbo de sus democracias y en la actualidad sufren los embates del autoritarismo, pero a lo largo y ancho del planeta se han dado movimientos ultranacionalistas, ultraconservadores y similares, cuyos efectos todavía están por verse.

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